Gracias a la vida que me ha dado tanto y me sigue regalando cada día momentos junto a ti.
Enterarme de tu llegada al mundo fue una auténtica sorpresa y la época más bonita de mi vida, donde por primera vez me propuse cuidar la alimentación y disfrutar cada segundo. Acariciaba mi barriga, te cantaba y te hablaba. Leía mucho, te ponía música y trataba de estar lo más tranquila posible para darte estabilidad emocional y que llegaras al mundo de la mejor manera.
Muchas cosas pasaron por mi cabeza, sobretodo si sería una buena madre, cómo serías, qué cosas tenía que cambiar de mí... No paraba de pensar, de ver cómo sería todo y una vez más mi nivel de exigencia llegó a ser muy alto.
Cuando llegó el momento de tu nacimiento estaba algo nerviosa, ahora puedo reconocer el miedo a no ser capaz, reconozco que fue una brutalidad como el ginecólogo y el matrón que estaban asistiendo mi parto, me sentí como un animal y esos gritos me llevaron al agobio. Nunca he soportado los chillidos, me hacen temblar y llevan al bloqueo.
Por suerte viniste pronto, justo el día que te tocaba, y al ver tu cara, después de tantos meses deseando que llegara ese momento, me sentí dichosa. Vi a la persona más linda que había visto, tan morenita de pelo, de piel rosada y te agarraste a mi con ganas, escuchar tu latido del corazón me emocionaba. Verte, tenerte cerca, poderte escuchar, acariciar y querer un gran regalo.
Gracias por existir, el regalo más bonito que la vida ha podido darme.
https://www.youtube.com/watch?v=pQwAZFY811w
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